De niño, el fútbol para mí no iba más allá de los partidos que mi hermano mayor sintonizaba en la radio. A esas retransmisiones se limitaba todo mi espectro futbolístico. No conocía la existencia de antenas parabólicas ni de guías de fútbol especializadas, y mis preocupaciones no trascendían del mero entretenimiento ocasional. Si no podía seguir un partido por televisión me conformaba con las voces que salían del radiocassette. Y claro, la imaginación de un niño tiende a desbordarse y a mí, con aquellos duelos entre el Real Madrid y el Bayern de Múnich, todo me parecía de otro mundo.

 

Taquillas del Olímpico de Múnich
El estadio Olímpico de Múnich aún conserva las viajes taquillas. Una imagen muy vintage.

 

Oía hablar de la seriedad alemana, la modernidad de su industria y el portentoso físico de sus futbolistas. Aquellos jugadores nunca sonreían y, en la tele, siempre aparecían con el ceño fruncido, como si jugar al fútbol fuera una obligación. Además, ¿cómo podían llamarse de aquella manera? Eso, claro, no ayudaba: Klaus Augenthaler, Hans Pflugler, Roland Wohlfahrt, Andreas Brehme… No me imaginaba lo que tenía que ser jugar allí, ante aquella gente tan poco amistosa; con el frío, la niebla y la nieve que rodeaba el césped de un estadio realmente inhóspito: las gradas tan alejadas del campo, los gritos que llegaban desde ninguna parte y esa pista de atletismo siempre mojada… Me entraban escalofríos.

 

¿Hay algo más emocionante que hacer realidad uno de los mitos de tu infancia?

 

En el viaje futbolero a Múnich reservé una mañana para visitar aquel lugar que, hasta entonces, había pertenecido a mi imaginario infantil. Y la realidad, al menos en este caso, no superó a la ficción. Ahora, el Estadio Olímpico es un lugar entrañable y acogedor, donde se puede pasar una agradable mañana (Cómo disfrutar del Estadio Olímpico de Munich). La pista de atletismo ha desaparecido, el césped apenas es una pradera descuidada y las gradas están melladas, sin gran parte de los asientos en una de las tribunas. La nieve ni siquiera transmitía sensación de frío… Pero pisar aquel escenario fue algo realmente especial para mí.

 

Nieve en el Olímpico de Munich
A pesar de la nieve, el Olímpico de Múnich resultó ser un estadio más cálido de lo que me había imaginado.