Manhattan se rige por una sola norma, la que dictó John Randell en 1811. Este ingeniero municipal trazó un plan urbanístico para la isla: los edificios se ordenarían sobre una cuadrícula de parcelas estrechas y alargadas. Ya sabes, una parrilla de calles numeradas de este a oeste y avenidas que transcurren de norte a sur. Así de simple. Pero, a veces, las cosas más sencillas son las que plantean retos más complejos. ¿Cómo traspasar esa frontera tan restrictiva? Durante dos siglos, la desbordante imaginación y la creatividad extrema han dado forma a la ciudad, hasta configurar una de las metrópolis más vanguardistas del mundo. Primero hacia arriba a través de rascacielos y, más adelante, mediante edificios de formas y contorsiones imposibles. Como decía antes, Nueva York parte de una premisa sencilla para evolucionar sin límites. Y eso es algo asombroso.

 

El Empire State desde High Line Park (Nueva York)
El Empire State asoma al fondo desde el High Line a la altura de la calle 22 con las 10ª Avenida.

 

UN TRUCO DE MAGIA

De todas las cosas que hacen única a esta ciudad, The High Line es una de las más sorprendentes. Para mí, Nueva York siempre fue una acumulación de pequeñas cosas que nunca tuve muy claro que existieran. Las veía en la tele, y parecían reales, pero miraba a mi alrededor y me preguntaba: ¿en qué planeta vivo yo? Nunca vi salir humo de las alcantarillas de mi barrio, en los rincones de mi calle no había cubos metálicos que pudiera patear y hacer rodar por el suelo; no podía escapar por las escaleras colgantes de una fachada ni bajar la ventana de mi cuarto (que no correrla) cuando pasara un tren justo delante.

 

High Line Park (Nueva York)
Con ustedes, el IAC Building del genial Frank Gehry.

 

Precisamente eso es algo que tampoco sucede ya en Nueva York. La línea ferroviaria que circulaba por el lado oeste de Manhattan quedó en desuso en los años 80 y, 27 años después, fue transformada en un precioso parque que transcurre a la altura de un tercer piso y que serpentea entre edificios. De nuevo, los neoyorkinos se inventaron algo que traspasaba los límites de mi imaginación. Lo bueno es que, esta vez, estaba allí para verlo.

 

El río Hudson desde High Line Park (Nueva York)
Las vistas del río Hudson desde The High Line son espectaculares.

 

EN EL MEATPACKING DISTRICT Y EL BARRIO DE CHELSEA

Un amigo me habló del High Line Park antes de viajar a Nueva York. Le tomé prestada la idea e incluí la visita el día que nos acercamos a conocer el distrito Meatpacking y el barrio de Chelsea. En aquel entonces acababa de ser inaugurado el primer tramo del parque (era el año 2009; la tercera y última parte finalizó en 2014). Transcurría entre Gransevoort St. North y la calle 20 (ahora termina en la 34). Y me pareció una genialidad. Tanto la idea (rehabilitar un espacio urbano molesto e incómodo) como la ejecución (utilizando la llamada agri-tectura, que no sé muy bien qué es pero intuyo que una mezcla de agricultura y arquitectura).

 

El Empire State desde High Line Park (Nueva York)
Puro Manhattan.

 

“La Arquitectura no está basada en el hormigón y el acero y los elementos de la tierra. Está basada en el asombro”.

Daniel Libeskind

 

High Line Park (Nueva York)
Un parking muy peculiar junto a The High Line.

 

¡VIVA LA FILANTROPÍA!

De Nueva York también me gusta su espíritu. Lo que se ve es el High Line (el diseño, por cierto, de un gusto exquisito), y lo que no se llama filantropía. El parque es público y gratuito, pero su promoción y  mantenimiento pertenecen al ámbito privado. Una fundación de amigos del parque se encarga de financiarlo a través de pequeñas donaciones. Hay que ser muy amigo de un parque, o estar muy enamorado de esos pequeños detalles que hacen tan especial a Nueva York, para mantenerlo de manera desinteresada. Eso tampoco lo conocí en mi barrio.

 

High Line Park (Nueva York)
Tomás Campos, sobre uno de los bancos de The High Line.

 

Ahora, el parque tiene unos tres kilómetros de longitud y permite recrearse en la vista del bajo Manhattan y de algunos edificios cercanos, como el IAC Building de mi admirado Frank Gehry (autor del Museo Guggenheim de Bilbao), una especie de cascada de vidrio que se vierte sobre el Hudson. Las vistas del río es otra de las grandes atracciones del parque, cada vez más poblado de árboles y plantas silvestres. En el recorrido también hay sembradas tumbonas que se deslizan por los antiguos railes del tren y bancos que parecen emerger al azar. Supongo que, en este parque, todo resulta igual de transgresor. Yo, para no ser menos, imaginé que levitaba antes de volver a tierra firme.

 

High Line Park (Nueva York)
The High Line se ha convertido en uno de los parques que hace más felices a los neoyorquinos.

 

“Dios está en los detalles”.

Ludwig Mies Van der Rohe

 

High Line Park (Nueva York)
Perspectiva de The High Line a la altura de la Calle 20, donde terminaba el primer tramo del parque.